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Las mujeres en la elección del 2024
Rafael Cienfuegos Calderón Las mujeres, que en el Padrón Electoral suman 49 millones 235 mil 587 del total del listado nominal de 94 millones 715 mil 425, al cierre del 3 de marzo (Instituto Nacional Electoral), podrían convertirse con su voto en las decisorias del resultado de la elección presidencial de 2024. Hoy son mayoría en la población total al representar el 52% y electoralmente lo son por arriba de los 45 millones 479 mil 838 hombres, lo que les da la posibilidad de definir el triunfo de la o el candidato con base en lo que ofrezcan para mejorar su condición de mujeres, pero son también el sector social más agredido por la violencia de género. En los últimos años han ganado espacios en la vida pública y económica. Hay más diputadas, senadoras, gobernadoras y presidentas municipales, más egresadas universitarias, académicas e investigadoras y más empresarias, empero ¿qué tanto ha beneficiado eso a la gran mayoría? A las que reciben salarios castigados, a las que padecen acoso sexual, violencia intrafamiliar y sexual, a las desplazadas por la inseguridad, a las víctimas de trata y a las asesinadas con saña. La inaplicación de las leyes para proteger a la mujer de la violencia, la existente impunidad y la falta de capacitación de los impartidores de justicia en materia de género, además del ancestral machismo y la misoginia, constituyen un muro que imposibilita su acceso a la igualdad, a una vida digna y a no ser discriminadas. Y el poder del voto de las mujeres, del que seguramente tienen conocimiento los aspirantes presidenciales y del que estarán muy pendientes para aprovecharlo, bien puede derivar en compromisos serios y pactados que vayan más allá de las palabras y promesas para que se conviertan en acciones de políticas públicas que las favorezcan. En la elección del 24 hay la posibilidad de que una mujer ocupe la presidencia de la República, empero, ello no implica que sea feminista ni defensora de los derechos de la mujer ni que en automático cambie y mejore la realidad que viven las féminas, no hay garantías. Aun así, sería una buena oportunidad para pedir o hasta exigir, que en la agenda del próximo gobierno, sin importar el género, se incluya como prioridad el combate a la impunidad y la capacitación de los impartidores de justicia en cada uno de los ministerios públicos del país y en las procuradurías de los estados. En la conmemoración del Día Internacional de la Mujer se realizaron en México varias marchas con consignas que iban de un alto a los feminicidios y a la impunidad que protege a los agresores de mujeres, a la exigencia de que se apliquen las diversas leyes promulgadas porque hoy parecen ser letra muerta ante la inacción de las autoridades. Ayer 8 de marzo las mujeres ejercieron su derecho a manifestarse libre y públicamente y el 2 de junio de 2024 al ejercer su derecho al voto libre y directo, tendrán la oportunidad de elegir a la o el candidato que se comprometa con la agenda feminista, que en el actual gobierno de la transformación es ignorada.
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Los mexicanos que desdeña el Presidente
Rafael Cienfuegos Calderón Si es como dice el presidente del “pueblo” sabio que no se equivoca, que el Presidente es el hombre mejor informado del país, ha de estar enterado de que hay millones de ciudadanos inconformes, engañados y decepcionados que en el 2024 podrían votar en contra de la corcholata que elija para que lo suceda en la Presidencia de la República y truncar la supuesta transformación. Aunque en la mañanera del lunes denostó y descalificó a participantes y organizadores de las marchas que horas antes se realizaron en más de ochenta ciudades del país y el extranjero, como el animal político que es y como el presidente mejor informado, seguro sabe del poder político-electoral que tienen esos miles de ciudadanos que ocuparon las calles y millones más que podrían inclinar la elección del 2024 en contra de su candidata-candidato. Si bien el motivo de las marchas fue rechazar el intento de imponer reformas electorales que atentan contra la democracia y la estructura del Instituto Nacional Electoral (INE), el presidente del “pueblo” ha de estar informado del malestar que provocan los cambios de reversa que ha hecho desde el gobierno, la vigencia de la corrupción y su delirante transformación, pues ante los ofrecimientos de campaña los resultados son contrarios. Seguramente cuenta con la información de que en 2018 ganó con el apoyo mayoritario de las clases media y alta, a los que desprecia, los fifís, profesionistas, académicos, hombres y mujeres de ciencia, comerciantes y empresarios que confiados le dieron más de la mitad de los 30 millones 110 mil 327 votos que recibió para llegar a la presidencia; ha de estar enterado de que con solo sus huestes del movimiento-partido Morena y apéndices políticos no los hubiera alcanzado. Ha de tener la información de que por hartazgo en el pasado reciente esa masa ciudadana rechazó en las urnas al PRI y al PAN, y que lo mismo podría ocurrirle a Morena, al gobierno del cambio y a la supuesta transformación. Igualmente ha de estar enterado de las acciones ilegales que puede emprender para atajar el riesgo de perder la presidencia en caso de que los ciudadanos inconformes, engañados y decepcionados decidan con su voto frenar la continuidad de un gobierno que no ha propiciado crecimiento económico, que desmanteló el sistema de salud del “pueblo”, el Seguro Popular, que provocó el desabasto de medicinas, que ha acrecentado la pobreza, que quiere ideologizar la educación, que es incapaz de pacificar al país y que ha dividido a la población. De otra forma no se entiende el empecinamiento de cambiar las reglas de la competencia electoral y debilitar al INE pretextando fortalecer la democracia, pues lo que busca el Plan B es poner en riesgo la organización de los procesos a partir del 2024, la instalación de casillas y la representación ciudadana para que en caso de que el voto no favorezca a su corcholata alegue fraude y exija que se anule la elección. Preocupa al padre de la 4T la marcha del domingo
Rafael Cienfuegos Calderón La marcha ciudadana del domingo 26 en defensa de la democracia y rechazo a la reforma político-electoral del gobierno de la transformación tendrá como incentivo la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de suspender la implementación de los cambios a las leyes generales de Comunicación Social y de Responsabilidades Administrativas que en diciembre aprobaron por mayoriteo Morena y partidos satélite en la Cámara de Diputados como parte del Plan B. De esta forma los asistentes a las marchas (parte de los 26 millones de electores que no votaron en 2018 por el presidente que aspira implementar la Cuarta Transformación) convocadas por 30 organizaciones civiles en 70 ciudades del país, celebrarán que la primera parte del Plan B de reforma electoral no aplicará en las elecciones del Estado de México y Coahuila. Y como es de esperarse la manifestación pública en contra de la embestida para tomar el control de los comicios a partir de 2024 con el debilitamiento del Instituto Nacional Electoral (INE) y con que los cuatro nuevos consejeros electorales a elegirse sean afines a su proyecto político, calará hondo en el ánimo presidencial, que en la víspera está cargado de descalificaciones a organizadores y participantes. El hecho de que un día sí y otro también se refiera a la marcha que en la Ciudad de México partirá del Ángel de la Independencia al Zócalo, pone al descubierto la preocupación que le causa, pues los que participen no serán de sus huestes de simpatizantes ni gente del “pueblo” beneficiario del reparto de dinero en efectivo a través de los programas sociales. Sabe que serán, en cambio, los aspiracionistas de clase media que no lo apoyan, los mexicanos a los que no gobierna ni convence, y los miles de decepcionados a los que llama conservadores y afirma son sus enemigos y enemigos del pueblo, del cambio y de la transformación. Y porque presiente lo que viene, el pasado día 20 expuso en la mañanera que la marcha del domingo 26 de febrero en defensa del INE sólo busca mantener los privilegios de quienes en el pasado abusaron del poder y saquearon a México. Es una manifestación no de ciudadanos, sino del PRI, del PAN, del PRD y de algunos potentados corruptos, ellos son los que se van a manifestar. Están en su derecho, “afortunadamente el pueblo de México está apoyando". Consideró que los conservadores se están agrupando de cara al 2024, buscan cualquier motivo para confrontarse con su gobierno; no se trata de una marcha ciudadana sino de potentados. Sin embargo, la transformación de México seguirá adelante. Afirmó que es mentira que el llamado plan B en materia electoral dañe el funcionamiento del INE, pues solo reduce gastos excesivos y cuida que no se cometan fraudes electorales. En respuesta a la marcha del 26 convocada por organizaciones ciudadanas con registro, el presidente del gobierno transformador convocó al “pueblo” a un mitin en el Zócalo el 18 de marzo, día de la expropiación petrolera, con el pretexto de defender la soberanía nacional. Esa estrategia política es similar a la que aplicó el 27 de noviembre de 2022, con una marcha, para contrarrestar el impacto de la que 14 días antes realizaron miles de ciudadanos en defensa del INE. La de él, afirmó, “fue con gente del pueblo”, la de los otros, “fue con enemigos del pueblo”. “Las personas que estén de acuerdo con la corrupción en el gobierno y con las injusticias, deben marchar el domingo al Zócalo) (Andrés Manuel López Obrador, 02-21-2023). ¿Percibirán legisladores oficiales el impacto del Plan B?
Rafael Cienfuegos Calderón Son tan complejos los cambios a la legislación electoral que contempla el llamado Plan B con el que el presidente promotor de la transformación atenta contra la democracia, por su extensión y contenido, que los legisladores del partido en el poder y aliados están obligados a reflexionar sobre la conveniencia de aprobarlos o no, pues serían irresponsables si los hacen al vapor en la Cámara de Senadores por complacer al principal promotor de la misma sin valorar las consecuencias. El objetivo es claro. Anteponer el interés particular de quien gobierna, de dar continuidad al proyecto político que encabeza con el triunfo en las urnas de la corcholata que elija para sucederlo el próximo año, lo que sería más fácil si se tiene el control de las elecciones. La reflexión de los legisladores es obligada porque como representantes de los mexicanos tienen la obligación de responder a los intereses de la mayoría y defender sus derechos, en este caso los político-electorales, y no a los de quien ostenta el cargo de presidente de la República. Además, hay duda de que entiendan y tengan conocimiento pleno de las 262 modificaciones que se pretenden hacer con el Plan B electoral, de los 59 nuevos artículos que incluye y de la derogación de 66 artículos de las leyes General de Instituciones y Procedimiento Electorales, General de Partidos Políticos y la Orgánica del Poder Judicial de la Federación, que dice en un estudio el Instituto Belisario Domínguez de la Cámara de Senadores contiene. Es conocido que la mayoría legislativa oficial es proclive a aprobar reformas a la Constitución, leyes secundarias y decretos al vapor, sin discusión, sin consenso y sin quitarles una coma, tal como las envía al Congreso de la Unión el jefe del Poder Ejecutivo. Pero en el caso de las reformas político-electorales, es mucho lo que está en juego. La democracia, principalmente, el debilitamiento de la estructura operativa del Instituto Federal Electoral (INE) y, por ende, la organización de las elecciones con el número necesario de casillas a instalarse en todo el país y de ciudadanos capacitados fungiendo como funcionarios, el conteo de los votos, el llenado de actas, y la emisión de resultados preliminares y los finales. En suma, la confiabilidad, equidad y certeza de la elección presidencial, de diputados y senadores, de gobernadores, jefe de Gobierno de la Ciudad de México y alcaldes, presidentes municipales, regidores y síndicos, y legisladores locales que estarán en juego el 2024, que será la contienda más grande de la historia. Si lo anterior no hace reflexionar a los legisladores oficialistas de Morena-Verde-PT para que valoren la necesidad de no aprobar el Plan B de la reforma electoral y esperar a que haya consenso político de partidos y ciudadanos, y por el contrario se alinean al dictado del jefe del gobierno y padre de la transformación, la democracia quedará tocada de muerte y la apatía de los votantes podría hacerse presente en la celebración de elecciones en las que el abstencionismo sea el gran ganador. Contra este deseo, que parece ser comparten la mayoría de votantes sin partido, hay indicios de que se impondrá el interés del Presidente y la inconstitucionalidad o no de los cambios tendrá que resolverla la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en respuesta a las controversias y amparos que se presenten. La cerrazón al diálogo y a acuerdos, a escuchar y tomar en cuenta los argumentos de la oposición, de juristas, de consejeros del INE y de organizaciones sociales ha sido, es y seguirá siendo, el sello del Presidente, que, de imponerse, pasará a la historia como el más antidemocrático. Marcelo y la antidemocracia de Morena Rafael Cienfuegos Calderón De las tres corcholatas más visibles, Marcelo Ebrard es el de mayor trayectoria y experiencia política, empero, eso, al parecer, no le alcanza para darse cuenta que la elección de candidato del movimiento-partido Morena no tiene ni tendrá piso parejo, que el procedimiento de elección por encuesta no será democrático, y que no habrá confianza en el resultado. ¿A caso no percibe que los dados están cargados a favor de Claudia Sheinbaum? Ella es aclamada como “presidenta” por una mayoría de amlo-simpatizantes que parece están convencidos de que como es el designio del presidente para que dé continuidad a su proyecto político de transformación, sin quitarle una coma, tienen que impulsarla, respaldarla y apoyarla? En estricto sentido Ebrard supera políticamente a Sheinbaum, pero ambos serán los contendientes de importancia de Morena, toda vez que Adán Augusto López, que hace el papel de comparsa en el juego sucesorio, es posible se retire en octubre luego de la primera encuesta. Pero entre sus limitantes están que no se hizo en el movimiento lepezobradorista, como ella, sino que se sumó a este, y que no es caja de resonancia de los dichos del Presidente ni los asume abiertamente como verdad absoluta ni los defiende como si fueran propios, como sí lo hace Sheinbaum en una exhibición de “lealtad ciega”. Las encuestas que elaboran o encargan algunos periódicos muestran un sube y baja para ambos en la preferencia y en ocasiones empate técnico. Pero la constancia con que el líder de la llamada Cuarta Transformación defiende a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México en los actos mañaneros (a pesar de los hechos), la elogia y califica de buena gobernante, persona trabajadora y honesta, hace pensar que en el momento de la definición la cargada de militantes y simpatizantes morenistas se inclinará a su favor. Aun así, Ebrard mantiene viva la esperanza de ganar las encuestas que aplicarán dos casas demoscópicas independientes, pero con las preguntas que habrá de elaborar la dirigencia de Morena, misma que avalará los resultados. ¿Qué tendría que suceder para que él se haga de la candidatura presidencial? Van tres escenarios: Que la imagen de Sheinbaum caiga a niveles que pongan en duda la garantía de triunfo electoral en 2024, pues como figura pública se ha ido desgastando en lo que va de la larga sucesión presidencial adelantada a causa de decisiones de gobierno equivocadas y el agravamiento de problemas que aquejan a los pobladores de la ciudad, como los del Metro, por ejemplo. Que las inconformidades de Canadá y Estados Unidos por el incumplimiento del TMEC por parte de México aumenten y se recrudezcan al grado de poner en riesgo la relación comercial, Para hacerles frente el gobierno lo necesitaría para negociar y llegar a acuerdos favorables dada la presencia que tiene ante los gobiernos socios. Que busque y obtenga el cobijo de otro partido político. En tanto, el secretario de Relaciones Exteriores se muestra optimista respecto al método de selección aunque pide que se realice con criterios que garanticen piso parejo y transparencia para que se acepte el resultado, con debates para que la población se entere de lo que propone cada quien, con aspirantes que hayan renunciado a su cargo público previó a la celebración de la primera encuesta y que se haga una sola y clara pregunta: ¿Quién quieres que sea (el candidato)? La orden del Presidente
Rafael Cienfuegos Calderón Asumiendo el papel de recadero de quien lo incluyó en la tripleta de corcholatas para que aspire a la candidatura del movimiento–partido en el poder a la presidencia de la República, Adán Augusto López, secretario de Gobernación (SG), fue a decir a los diputados oficialistas que la elección de los cuatro consejeros del Instituto Federal Electoral (INE) que habrán de tomar posesión en abril, “va a ser por insaculación” (sorteo o tómbola). Si eso es lo que quiere el presidente del cambio, su plan ha de ser tener una mayoría de consejeros electorales afines a su proyecto político en caso de que no se aprueben en las cámaras de diputados y senadores las reformas electorales, o de que, si pasan, la Suprema Corte de Justicia las declare inconstitucionales. La orden del Presidente ya fue emitida y la elección por insaculación de los nuevos consejeros electorales, incluido el presidente del INE es, según Adán Augusto López, para eliminar la necesidad de que Morena tenga que “suplicar” a los partidos de oposición la construcción de una artificial mayoría constitucional para elegirlos en el Pleno de la Cámara de Diputados. Eso descarta, de entrada, la posibilidad de que haya negociación y acuerdos parlamentarios. Sin embargo, la elección de quienes reemplazarán a Lorenzo Córdova, Roberto Ruiz, Ciro Murayama y Adriana Favela en el Consejo General del INE, no puede eludir el procedimiento que establece el artículo 41 de la Constitución. Que la Cámara de Diputados, de acuerdo a sus atribuciones, abrirá el proceso para designar un comité técnico de evaluación integrado por siete personas de reconocido prestigio, que recibirá la lista completa de los aspirantes, evaluará el cumplimiento de los requisitos constitucionales y legales, así como su idoneidad para desempeñar el cargo, seleccionará a los mejores evaluados y remitirá la relación correspondiente al órgano de dirección política de la cámara para que proceda a la votación. Solo que no haya consenso entre los partidos por diferencias irreconciliables ni se alcancen las dos terceras partes de los votos, se prevén dos insaculaciones, una en el pleno del órgano legislativo y otra, en caso extremo, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Por tanto, la elección a modo de los consejeros que quiere el presidente para transformar la democracia y de la que ya tomaron nota los diputados oficialistas, no podrá transitar salvo que se violente la Constitución. Que quizá sea eso lo que se pretende dada la contundencia de las palabras del secretario de Gobernación en la reunión plenaria de los legisladores de Morena: la elección de los nuevos consejeros “va a ser por insaculación”. “Así se puede y se debe elegir”. Cabe recordar que como resultado de los cuestionamientos respecto de la injerencia de los partidos en el nombramiento de consejeros, la reforma electoral de 2014 que transformó al Instituto Federal Electoral (IFE) en INE, incluyó en la Constitución varias novedades, entre ellas la participación de la sociedad civil en parte del proceso y mecanismos para destrabar eventuales desacuerdos que pudieran obstruir la elección. Sin embargo, el procedimiento se ha ido integrando con procesos y candados que generan dudas. Además, el procedimiento tiene cuatro etapas a cubrir e incluye un mecanismo mixto que contempla tanto la opinión de integrantes de la sociedad civil, como la de los diputados en la fase de evaluación y selección de perfiles, pero sólo los diputados eligen mediante sus votos en sesión plenaria. La rebatiña en la arena política por el control del INE mediante la integración de su Consejo General ya inició y falta ver la reacción de la oposición que hasta ahora ha asumido la defensa de la autoridad electoral con firmeza, lo mismo que las organizaciones civiles que tomaron las calles en varias ciudades del país el pasado 13 de noviembre y que se aprestan a hacerlo otra vez el próximo día 26 con la proclama “Mi voto no se toca”. Desconfianza en la política
Rafael Cienfuegos Calderón El alto grado de desconfianza que hay entre partidos y actores políticos obliga a la celebración de acuerdos o pactos previos a los procesos electorales aunque no se respeten ni se cumplan. Esa es una tradición de la cultura político-electoral de México que sirve nada más para que los líderes de partidos y candidatos se exhiban en las precampañas y campañas al contender por una presidencia municipal, una gubernatura y hasta la presidencia de la República. Ante la proximidad de la elección de julio para gobernador del Estado de México se firmó el Pacto por la Integridad del Proceso Electoral Estatal 2022-2023. Años antes (27 junio de 2012) los aspirantes presidenciales Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Cuadri firmaron un “inédito” pacto que los comprometía a respetar el resultado electoral, propiciar la civilidad política y respetar la ley; empero, el abanderado del PRD-PT-MC no lo cumplió y alego fraude del PRI. Ante esa obstinada y constante desconfianza y por presión de los partidos se sumó al trabajo del Instituto Federal Electoral (INE) la fiscalización de gastos de los partidos políticos y candidatos para que no rebasen los topes de campaña, limitar la participación de dinero privado e impedir el uso de recursos económicos de procedencia ilícita, atender las denuncias por actos anticipados de campaña y por la promoción de candidatos con recursos públicos, lo que aumentó el costo de los procesos electorales. La desconfianza propicia el desconocimiento de los resultados electorales y el triunfo del adversario bajo la acusación de fraude. Esa desconfianza contamina a los votantes que al descalificar a partidos y candidatos optan por no acudir a las urnas el día de la elección o por anular su voto. Si la aún incipiente democracia mexicana no avanza ni se consolida es por la desconfianza que hay y que en tiempos electorales se quiere suplir artificialmente con pactos o acuerdos. En el documento firmado en el Estado de México los dirigentes de Morena, PAN, PRD, PRI, Movimiento Ciudadano, PVEM y Nueva Alianza exponen que México tiene un sistema de elecciones y justicia electoral sólidos, legítimos y reconocidos por políticos y ciudadanos como garante de procesos democráticos, libres, justos y competitivos, sin embargo existen amenazas al sistema democrático. La más palpable es la violencia, que ensombrece los comicios, además de la violación de derechos humanos, la corrupción y la discriminación, el uso indebido de recursos públicos y el financiamiento ilícito, amenazas a las instituciones y prácticas como compra y coacción del voto, velada o directa. Estos delitos electorales afectan la legitimidad de las personas electas y la confianza de la ciudadanía. Ante ello acordaron respetar la ley electoral, los procesos y procedimientos que en ella se establecen; apegar sus conductas a los principios democráticos; contribuir a la celebración de un proceso electoral profesional, imparcial y transparente, y canalizar y procesar las diferencias a través de los cauces institucionales. Sin embargo, el día 24 en el Instituto Electoral de la entidad los representantes partidistas se enfrentaron con acusaciones mutuas de corrupción. El presidente INE, Lorenzo Córdova calificó de preocupante la polarización e intolerancia que existe en la discusión pública sobre los procesos electorales del Estado de México y Coahuila, que son la antesala de las elecciones más grandes de la historia que habrán en 2024. El daño que causo la ministra Esquivel
Rafael Cienfuegos Calderón El estigma del descredito y la desconfianza seguirá a la ministra Jazmín Esquivel tanto en su vida futura como ahora que se aferra a continuar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), aduciendo que no tiene nada que ocultar ni de que avergonzarse. Continuaré trabajando intensamente. Y hoy más que nunca, por la dignidad de las personas, defendiendo la Constitución y los derechos humanos, así como los principios democráticos de México. No importa que se demuestre legalmente (si llega a suceder) que cometió plagio o si le retiran el título de licenciada en Derecho por “tomar” contenido de otra tesis para elaborar la suya y no importa tampoco que el presidente que combate la corrupción y propugna por la honestidad la defienda. Lo que sí importa es el daño que causa a la Suprema Corte al desprestigiarla, el daño que causa a la UNAM al poner en duda la calidad y profesionalismo de los estudiantes que prepara, y el daño que causa a la imagen del jefe del Poder Ejecutivo que la propuso como magistrada y que la impulso para que se convirtiera en presidenta del máximo órgano de justicia. Además de esas consecuencias, el caso del plagio propició que el presidente padre de la transformación arremetiera contra las autoridades universitarias con una nueva andanada de calificativos y acusaciones. A este respecto, expuso Mauricio Merino, investigador de la Universidad de Guadalajara (El Universal, 16-01-2023): Todo el escándalo derivado de la tesis de licenciatura de la ministra Yasmín Esquivel ha sido, para las autoridades de México, el producto de una conspiración. Alguien le deslizó los documentos copiados a Guillermo Sheridan (académico y periodista) quien, según los dichos del presidente de la República, es parte de un grupo perverso que no ha hecho más que dañar al país. Lo hicieron, entre otras inconfesables razones, para impedir que prosperara la muy profunda reforma judicial que habría emprendido el grupo de ministros afines al titular del Ejecutivo y ahora, encima, las corruptas autoridades de nuestra máxima casa de estudios le han tendido una trampa al gobierno pidiendo que sea la SEP quien decida sobre la validez del título otorgado a la ministra Esquivel. De su parte, la ministra también se ha llamado a agravio, convencida de la falta de ética de quienes urdieron esa conspiración que, además, forma parte de una deleznable conjura heteropatriarcal. A la ministra le asiste el derecho personal de decidir quedarse en la Suprema Corte, pero en realidad su permanencia depende de la evaluación que haga el Presidente. A él le conviene que esté ahí porque necesita aliados para enfrentar las controversias que hay contra el traslado de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa y las que se presenten contra las reformas a la Ley Electoral, si se aprueban en febrero. Empero, sin embargo, si estima que el impacto afecta su proyecto político podría darse el caso de que le pida a Yazmín Esquivel que presente su renuncia con la posibilidad de que le ofrezca un cargo en el gobierno transformador. En tanto, cada acción de trabajo que emprenda en la Corte estará marcada por la desconfianza, y el descredito es posible que la siga aun fuera de ese ámbito. Pero como escribió Carlos Puig (Milenio, 11-01-2023): Sabemos que en este país nadie renuncia a una posición de poder no importa lo que suceda (ni modo). Ella ha demostrado que quiere hacernos pensar que ella no hizo nada mal. Así que siendo este el país que es, seguramente ahí seguirá. Nadie la respetará demasiado, será una ministra cuestionada siempre, pero, eso sí, con toga y sueldo. Triste. Las presiones de la 4T a la Suprema Corte de Justicia
Rafael Cienfuegos Calderón El 2023 inició con la muy buena noticia de que la ministra Norma Piña fue electa presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), empero le siguió la muy mala noticia de que será víctima de fuertes presiones de parte de la Cuarta Transformación. El Presidente y los legisladores de Morena, del Trabajo y Verde harán lo que sea, como sea y a costa de lo que sea para lograr que se declaren constitucionales la transferencia de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional y las reformas a la Ley Electoral, asuntos en los que la Suprema Corte tiene la última palabra. El motivo es que la nueva ministra presidenta tiene apego a la autonomía del Poder Judicial y ha ejercido libremente la crítica ante la intromisión de intereses externos en asuntos que le competen, como la del Poder Ejecutivo. El presidente que aspira alcanzar la transformación del país lo dijo muy claro al comentar el resultado de la votación: “la presidenta Norma Piña siempre ha votado contra las iniciativas que nosotros hemos defendido”, y “los ministros votaron en contra de los intereses de la Cuarta Transformación”. Por eso, sin Arturo Zaldívar (cercano y aliado), sin la llegada de Jazmín Esquivel (su favorita por incondicional) ni de Alfredo Gutiérrez (el “cuando menos”) y ante el respaldo que recibió la ministra Norma Piña, ha de preocuparle al jefe del gobierno del cambio la posibilidad de perder las batallas jurídicas que librarán en la Suprema Corte de Justicia la militarización de la Guardia Nacional y las reformas a la ley electoral por considerarse que violan la Constitución. Y la única manera que habría para lograr un fallo a favor de esas iniciativas presidenciales que aprobaron los legisladores afines a la 4T, es ejerciendo presión sobre la presidenta y los ministros del Poder Judicial, lo que vendría de los poderes Ejecutivo y Legislativo. El 11 de octubre pasado 49 senadoras y senadores de oposición interpusieron una demanda de acción de inconstitucionalidad en contra del Decreto en Materia de Guardia Nacional y Seguridad Pública publicado el 9 de septiembre de 2022 en el Diario Oficial de la Federación porque viola la Carta Magna al desplazar del ámbito civil al militar el control de la Guardia Nacional, además de que ello no garantiza la pacificación del país, el combate a la violencia que generan los organizaciones del crimen organizado ni la inseguridad que provoca miedo en la población. Sobre las reformas a leyes secundarias en materia electoral Movimiento Ciudadano, el PAN, el PRI y el PRD acordaron interponer recursos de inconstitucionalidad ante la Corte para frenar la calificada contra-reforma, y lo mismo harán los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) dado que valoran atenta contra la democracia, vulnera las capacidades operativas y pone en riesgo la calidad y organización de los procesos electorales. Hay que destacar que en acatamiento a la “obediencia ciega” que exige el presidente y padre de la transformación tanto a legisladores de su movimiento-partido Morena y rémoras del PT y PVEM, ambas reformas se aprobaron sin concesos y por mayoriteo, lo que hizo “felíz felíz” al Presidente. “Dicen que somos serviles al Presidente ¡a mucha honra!" expresó la diputada morenista Yeidckol Polevnsky (20-12-2022). Hay compromisos que están en el aire
Rafael Cienfuegos Calderón Cierto es que cuando el líder de la Cuarta Transformación asumió la presidencia el país estaba sumido en una profunda crisis de credibilidad y confianza a causa de la corrupción, el despilfarro de dinero del erario público y las mentiras del gobierno saliente. Como nuevo mandatario asumió el compromiso del cambio, mediante una declaración desterró el modelo neoliberal y para hacer la diferencia desde 2018 insiste en que “no son iguales”, aunque igual que como sus antecesores hizo promesas y asumió compromisos que hoy están en el aire. No ha podido pacificar al país, la violencia criminal está imparable con casi 140 mil homicidios dolosos, 30 mil desaparecidos e incremento de feminicidios en los últimos cuatro años a pesar de que el Ejército está en las calles; el sistema de salud que hizo crisis como efecto de la pandemia no se ha igualado al de Noruega o Dinamarca, desapareció el Seguro Popular, creó el Insabi y tras su fracaso hace unos meses lo suplió por el IMSS Bienestar, en tanto la falta de medicamentos persiste y empiezan a reaparecer enfermedades supuestamente erradicadas; la economía que en 2018 creció 2.5% decreció a 0.0% en 2019 (sin pandemia), en 2020 (con pandemia) subió 8.5%, en 2021 aunque llegó a 4.8% la recuperación no fue sostenida y para este año se espera cierre en 1.8% al alza, no 3% como dijo en su reciente informe del Zócalo, lejos del 6% anual que ofreció para el sexenio; la corrupción e impunidad persisten en el gobierno federal y el fraude millonario que se cometió en Seguridad Alimentaria Mexicana (Sagalmex) vía colocación de fondos públicos es el más revelador, sin que a más de un año haya proceso legal contra los funcionarios responsables; en el combate a la pobreza el saldo es negativo con un incremento de 3 millones 800 mil personas en esa condición Es ampliamente conocido que todo gobierno saliente hereda problemas, deudas y promesas incumplidas a quien lo sustituye, eso es común no solo en México, y el reto y obligación del que recién llega es hacerse cargo de los pendientes, atender cada situación de la mejor manera y evitar que en caso de no resolverlos también no empeoren. Es por eso que luego de cuatro años no se puede seguir dando como excusa que por el “cochinero” que dejaron los gobiernos del pasado no hay avances ni mejoría. Los programas, proyectos, estrategias y acciones que están en curso son del actual gobierno y si no hay cambio ni transformación es porque el trabajo no se está haciendo bien. Y si todo sigue igual en los próximos dos años, la corcholata que suceda al presidente igual heredara problemas y pendientes de los que es seguro no habrá queja, pues difícilmente culpará a quien la-lo llevó al poder, al que por el contrario tendrá que proteger con el manto de la impunidad para que no se afecte su impoluta imagen ni caiga en el descredito. Hará lo mismo que hacían los expresidentes priístas, ofrecer protección oficial, cubrir faltas y fallas y hacer como que todo está bien. No habrá reproches. Eso lo saben Sheinbaum, Ebrard y López, solo falta que el Presidente evalúe y decida quién le puede funcionar mejor porque una vez que deje el cargo no se sabe si mantendrá su popularidad, si será catalogado como buen gobernante o si, por desencanto, entre el “pueblo” y sus más fieles seguidores aparecerán los cuestionamientos y las críticas. |
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Rafael CienfuegosRafael Cienfuegos Calderón cursó la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y se inició como reportero en 1978. Se ha desempeñado como tal en el periodismo escrito, principalmente, y ha incursionado en medios electrónicos (Canal Once Tv) y en noticieros de radio como colaborador. Archives
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