Parte III Cuando Héctor se enteró de mi asistencia al Lolita’s ese viernes que él se encontraba en Aguascalientes, burlón me dijo: ¡qué tal! Ahora resulta que ya no quieres salir del que llamas tugurio y al que te resistías a ir. Tiene o no encanto. Aunque estoy seguro que regresaste para estar con Nadia y echarte de paso un taco de ojo con Natalia y todas las chavas del lugar. En verdad no hay chicas feas. Todas son atractivas, más guapas unas que otras, pero todas de muy bien ver. Estaba aburrido y no quise ir a otro lugar donde estaría sólo. Sí, fui por Nadia, pero conocí a Mía, que es amiga de ella y de Natalia. Es muy buena onda y alivianada. Tiene buna plática. Me gusta, igual que Nadia. Ambas me agradan. Me gustan sus formas. Como se carcajea Mía. La forma tan sugestiva que tiene Nadia al bailar. Lo bien que lucen y huelen ambas. Y lo mejor, que no se dan su taco, ni son creídas. En suma, no son mamonas. Y viste a Natalia –preguntó Héctor-. ¡Claro! ¿Cómo no verla? Es la atracción y la mujer más solicitada. La salude de lejos. Nos vimos cuando yo estaba con Nadia, se sonrió con ambos y yo levante la mano, la agité y le di un mudo ¡hola! Desde que se sentó en su mesa y hasta la hora que me retiré, la pasó con un ruco como de 70 años o más que tenía una cicatriz entre el pómulo y la oreja derecha que llegaba casi a la mandíbula. La vi porque era muy visible. Estaba como abultada y rosada, y como la tez del tipo es blanca, resaltaba. Lo acompañaban dos mastodontes de pelo corto con tipo de guaruras, que se sentaron en una mesa contigua. Seguramente era su protector –mencionó Héctor- Para ser su padrote ¿no crees que ya esté viejo? No dije que fuera su padrote, sino su protector. Ese ruco la cuida desde que trabajaba en el restaurante de la Zona Rosa. Él la ayudo para que se quitara de encima al dueño que la traía asoleada y la hostigaba sexualmente. Tiene un cargo importante en la procu de la Ciudad de México, y lo amenazó con cerrar el restaurante y meterlo a la cárcel bajo cualquier acusación, por venta de drogas o por estar ligado a un grupo de explotadores sexuales. ¿Y eso a cambio de qué o por qué? No lo sé a ciencia cierta. Parece ser que ella le hizo el paro a su hijo, un joven de unos 23 años que padece una discapacidad, cuando lo madrearon hasta dejarlo casi muerto en la calle, acabando de salir del restaurante, para llevarse 700 pesos que traía en su cartera. Natalia lo ayudo. Bueno, Magdalena. Al parecer se puso a gritar como loca para que lo dejaran de golpear cuando lo reconoció y vio que era su mejor cliente, le limpió la cara ensangrentada con una servilleta de tela, lo ayudó a levantarse y a subir a un taxi, lo alojó en su departamento con el auxilio de unos vecinos para subir las escaleras y lo atendió y alimento hasta que se alivianó y pudo hablar y moverse. Le reventaron la boca y le tiraron unos dientes. Le rompieron una botella de cerveza en la cabeza, lo patearon en el suelo y resultó con unas costillas rotas. Quién sabe cuántos días paso ella cuidándolo sin ir a trabajar, hasta que él pudo mencionar palabra, le dijo su nombre y le dio el número de teléfono de su papá para que le llamara y le hiciera saber dónde se encontraba. El ruco se hizo presente inmediatamente. Amenazó a Magdalena pensando que estaba involucrada en la agresión y la obligó a confesar lo que le había pasado a su hijo, unos agentes la interrogaron y la dejaron en paz hasta que el junior refirió a su padre lo que ocurrió. Ella expuso su situación como mesera hostigada por su patrón, al que describió como un degenerado sexual que la manoseaba y la explotaba haciéndola trabajar más horas sin pago extra, junto con sus compañeras, con un mísero salario. Por esos antecedentes y por ser el dueño del lugar donde con frecuencia comía y bebía unos tequilas el junior, fue amenazado con la clausura del establecimiento y la seguridad de ir a la cárcel si no dejaba de fastidiar a Magdalena y demás empleadas y si no colaboraba para dar con los agresores. Desde entonces el ruco estuvo y está al pendiente de Magdalena. Como agradecimiento, quiero pensar –indicó Héctor-. Exigió le aumentaran el salario y advirtió que a la primera queja de Magdalena le propinarían una madriza de la ni dios santo lo libraría. Seguro que el dueño del restaurante andaba en cosas no muy derechas o estaría involucrado con los asaltantes que pululan en la otrora glamurosa Zona Rosa o hasta metido en la trata de personas o el narcomenudeo, pues nada hizo para defenderse. Quedó a merced del funcionario de la Procuraduría de Justicia, y los agentes de manera frecuente acudían al lugar para saber cómo estaba Magdalena. Pero ella ya no duró mucho tiempo en ese trabajo. El ruco le pasaba una lana para la renta y sus gastos. Tres meses después me enteré que trabajaba en el Lolita’s Bar. Como de telenovela ¿no te parece? –Dijo Héctor tras concluir la reseña-. Y ¿qué tanto hay de cierto? Ella te lo contó. O simplemente es lo que tu supones o peor, lo estás inventando para que yo deje de pensar que el ruco con que estuvo Magdalena en la mesa del Lolita’s es quien la regentea. Como te mencioné lo que pasó no lo sé a ciencia cierta. Luego de que Magdalena desapareció del restaurante pregunté a Nadia por ella. Contestó que no sabía a donde se había ido. Luego me platicó que un día la llamó por teléfono y le dijo que ya no iba a trabajar ahí y que cuando se colocara en algún lugar se lo haría saber para que estuvieran en contacto. En otras llamadas Magdalena hizo saber a Nadia que estaba desempleada pero que el papá del joven al que habían golpeado le dio como una especie de gratificación económica por haberlo ayudado, y que le prometió buscar entre sus conocidos a alguien que la pudiera emplear. Pero que afirmaba estar bien por el momento. Además, que para su fortuna, le dijo que si acaso el dueño del restaurante se quiere pasar de listo con ella o con alguna de las otras cuatro meseras, que se lo haga saber para que se queje porque se exigió al acosador sexual que no se metiera con las trabajadoras en nada que no tuviera que ver con el trabajo. Todo cambió, cuando menos en ese aspecto –según Nadia- porque en lo que hace al horario y al salario, fue más estricto y nunca accedió a dar un aumento. La última llamada que recibió de Magdalena en ese tiempo, me compartió Nadia –informó Héctor- fue para decir que empezó a trabajar en un bar pero no de mesera, porque ahí hay meseros, sino de dama de compañía de los clientes y que como quedó muy bien recomendada con el dueño y el gerente por el papá del hijo golpeado, a quien ambos le deben favores, su posición es muy favorable y que si quería la podía ayudar a entrar ahí. ¿Qué dices? -Mencionó Nadia que le preguntó Magdalena-. Es que ser dama de compañía no es como prostituirse –dijo Nadia que le contestó-. Magdalena se carcajeó y luego, seria, le reprochó que si acaso la creía capaz de proponerle un trabajo indigno a ella, su mejor amiga, luego de que logró zafarse de un trabajo donde la hostigaban y lo que querían dueño y algunos clientes del restaurante era llevarla a la cama como si mesera fuera sinónimo de prostituta. Lo que quiero es sacarte también a ti de ese lugar. Acá en el bar es otro ambiente, la clientela es diferente, el personal te cuida, tienen un salario regular, comisión por el consumo de la mesa en la que estés y, a parte, la cuota que convengas con quien o quienes te soliciten. El horario es de noche y parte de la madrugada con descanso los domingos. Ya cumplí un mes diez días y estoy muy a gusto. Más que un trabajo es un divertimento Nadia. Hazme caso y decídete porque es un trabajo honrado que no denigra y estoy en posibilidades de influir para que te acepten. No sé qué les haya dicho mi protector, así llamo al papá del muchacho golpeado -le aclaró Magdalena-, que tipo de favor le deban o si les ofreció protección para que no los extorsionen, pero el dueño y el gerente del bar, están a raya conmigo. Son atentos, me presentan con sus mejores clientes y me proponen para que los acompañe, lo que se refleja en los ingresos que recibo. A los 22 días de esa plática telefónica, Nadia se reunió con Magdalena y tres después, iniciaba su primer día de trabajo. Al respecto, Héctor me pidió discreción. Con voz firme dijo: Solo te pido que esto quede entre tú y yo. No se lo comentes ni a Nadia ni a Mía, que son las mejores amigas de Magdalena, porque posiblemente haya falsedad en mis conjeturas y no quiero faltar el respeto a Magdalena ni poner en entre dicho sus acciones. No tienen que pedirme eso Héctor. Dalo por descontado. Y en efecto, nunca en las muchas veces que acudimos al Lolita’s y compartí tanto con Nadia como con Mía, hice comentario alguno o pregunte por el personaje de la tercera edad que de vez en vez tenía por compañía a Natalia-Magdalena, y al que ella llama mi protector y al que yo creí, cuando los vi juntos por primera vez, era su padrote.
1 Comment
24/8/2020 12:06:53 am
He estado buscando en línea más de 2 horas hoy, pero no encontré ningún artículo tan interesante como el tuyo. Vale lo suficiente para mí. Personamente si todos los propietarios de web y bloggers hacen un buen contenido como tú, la web será mucho más útil que nunca.
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Rafael CienfuegosRafael Cienfuegos Calderón cursó la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y se inició como reportero en 1978. Se ha desempeñado como tal en el periodismo escrito, principalmente, y ha incursionado en medios electrónicos (Canal Once Tv) y en noticieros de radio como colaborador. Archives
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