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UN ATISBO AL JAZZ (II/II)
Rafael Cienfuegos Calderón La música en vivo siempre es mejor Me sumo a la opinión de Antonio Malacara de que el jazz no será de masas, nunca, porque he comprobado que la audiencia en los conciertos siempre es mayor cuando estos se realizan en lugares cerrados, comparativamente con la que la que asiste a los que se presentan al aire libre, además de que el interés por la música no es la misma. De ahí, que bares y cafeterías de espacios reducidos en los que tienen acomodo, a la vez, músicos y escuchas, sean los más adecuados para escuchar, contrario a lo que pasa en lugares abiertos, pues priva la dispersión. En los primeros se da un encuentro cara a cara e íntimo que permite una comunicación silenciosa entre jazzistas y melómanos. A los primeros les permite captar el ánimo del público para determinar la línea por donde han de dirigir las improvisaciones, su tiempo e intensidad. En tanto que los segundos, estamos en condiciones de evaluar el virtuosismo de los músicos, percibir la concentración y pasión de cada uno, así como el provecho que le sacan a sus respectivos instrumentos. Hay otros lugares como la Sala Principal y la Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el Teatro de la Ciudad, el Teatro del Centro Cultural Coyoacanense, el Teatro Ángela Peralta, el Museo José Luis Cuevas, el Antiguo Palacio del Arzobispado o el recinto del Museo Nacional de la Revolución, en los que, por no ser muy grandes, es posible escuchar y disfrutar el jazz. También están, aunque en mayor tamaño, la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM y la Sala Ollin Yoliztli, cuyos conciertos de jazz son ocasionales. Hago mención aparte del estudio A del IMER, que es un estudio de radio, no de grabación, donde al paso de los 19 años de vigencia de Horizonte 109.7 FM se han realizado innumerables conciertos con agrupaciones nacionales e internacionales en sus distintos formatos, desde tríos, cuartetos, quintetos, combos y big band, en los que la audiencia no es mayor a 150 personas. Dotado de una excelente acústica y equipos de sonido de primera, cada concierto, ya sea en martes o jueves o en ambos días, resulta imperdible. Para cerrar los festejos de su décimo noveno aniversario, el 28 de febrero de este 2019 se realizaron dos conciertos, el del guitarrista Omar Gardunho Proyect y el del pianista Héctor Infanzón en formación de cuarteto. En este recinto que en espacio es amplio pero en audiencia pequeño, sucede lo que en un bar o cafetería, los escuchas estamos atentos a lo que acontece en el escenario, al sonido de los instrumentos que emiten los altavoces, y a la ejecución de solos de improvisación. No hay distracciones, no hay cuchicheos y mucho menos pláticas sobre temas que nada tienen que ver con la música y que resultan arto molestos. Lo anteriormente expuesto me da pie para pasar al comentario de lo que lamentablemente sucede en los conciertos que ocurren en espacios al aire libre –las áreas verdes y la Plaza del Arte del Centro Nacional de las Artes (Cenart), la plancha del Monumento a la Revolución, el Foro Lindberg del Parque México, el Parque Hundido, el Jardín Hidalgo de Coyoacán o el Zócalo de Ciudad de México- . A ellos concurre –según mis cálculos- un promedio de 35 por ciento de personas que realmente son aficionadas al jazz, que van a escuchar, que están atentas a las ejecuciones de los músicos, que son las que ocupan los espacios más próximos al escenario y disfrutan la música. La gran mayoría –hombres y mujeres jóvenes- se hace presente sin saber qué onda, de qué se trata, quienes son los músicos, y sin que les guste el jazz, pero están ahí para presumir que fueron a tal o cual con la creencia, falsa, en mi opinión, de que con ello adquieren cierto aire de intelectualidad, para presentarse como alguien diferente o hasta para impresionar a la chava (o) que pretenden ligar. Porque –eso sí, lo afirmo- no es lo mismo estar en un concierto de la Big Band Jazz de México, que en uno de Los Ángeles Azules, o de Alex Mercado en trío o cuarteto, que en uno de los Tigres del Norte. Como decía, la mayoría de los asistentes se la pasan platicando de cualquier cosa sin importarles lo que ocurra en el escenario y sin escuchar lo que suena. Ríen, se carcajean, cuentan su aventura de la última borrachera, opinan sobre el resultado de un partido de futbol, que si valió la pena ir a tal o cual tocada, el desmadre que se armó en la escuela y lo que tienen pendiente por hacer para tal o cual materia. Algo parecido, valga la analogía, a lo que sucede en un juego dominguero de Los Pumas en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Pero eso sí, se suman a los aplausos al término de cada interpretación aunque no hayan escuchado, lo mismo que a la algarabía por la anotación de un gol que no vieron. No tengo nada contra la música popular –que ni me agrada ni me desagrada-, pero como buen melómano que me considero, sí hago una diferencia entre ésta y el jazz. No por clasista sino por la diferencia notable que hay en la calidad. Me interesa abordar en esta segunda entrega de Un atisbo al jazz, por una parte, lo relativo a que en varios estados de la República se celebran festivales y encuentros culturales de jazz como resultado de la expansión del gusto por éstos sonidos sincopados: el de La Riviera Maya, de Morelia, de San Miguel de Allende, de Pachuca, de Xalapa, de Playa del Carmen, de Mazunte, de Mazatlán, de Zacatecas, y el Cervantino, donde siempre está presente; y por otra parte, la calidad de los jazzistas mexicanos, que ha llevado a muchos a ser reconocidos internacionalmente: Estados Unidos, Canadá y países de Europa los solicitan como solistas y con sus proyectos propios. Sin embargo, la mayor audición del jazz está concentrada en Ciudad de México, lo mismo que el número de músicos y de sitios que les dan cabida. El jazz del 19 Este año inicio con el Festival Jules Basement en su novena edición. Talentos nacionales e internacionales intérpretes de piezas originales y covers de grandes figuras del género se presentaron entre el 12 y 16 de febrero en el recinto ubicado en Polanco. Armando Cruz y su Afro Bop Band con Fabiola Ruano; Popol Blues Band; Adriana + Jethro Soul Band; Olson Joseph y Dayana Solino, fueron quienes por 150 pesos por persona deleitaron a los asistentes. En tanto, el Museo Tamayo ubicado en el Bosque de Chapultepec abrió sus puertas para Las Noches de Jazz el último miércoles de cada mes, con el agregado de un recorrido guiado y una copa de vino por 250 pesos. La agrupación invitada de febrero fue Node Jazz Collective, una de las propuestas más novedosas del jazz mexicano. Siguió el Eurojazz que se celebra desde 1998 como resultado de la colaboración entre la Unión Europea y el Cenart, es catalogado como uno de los acontecimientos culturales y musicales más importantes del ámbito nacional con la celebración de 24 conciertos gratuitos a cargo de agrupaciones provenientes de 13 países: España, Hungría, Austria, República Checa, Irlanda, Suiza, Países Bajos, Francia, Italia, Portugal, Alemania, Eslovaquia y Polonia. Inicialmente el escenario se montaba en La Plaza del Arte, pero ante la creciente asistencia, se optó por cambiarlo a las áreas verdes, donde se tiene el cálculo de que se llegaron a concentrar hasta ocho mil escuchas en una sola presentación. Este año se realizó del 9 al 31 de marzo, pero la fecha fluctúa cada año entre finales de marzo y los primeros días de abril. Le siguió el Festival Internacional de Jazz de Polanco en su décima edición los días 6 y 7 de abril en el Teatro Ángela Peralta al aire libre, en el que participaron agrupaciones nacionales y extranjeras de jóvenes promesas y músicos de gran trayectoria como: Jazz house collective (Veracruz), Jazz de Polanco Orchestra & Friends featuring Andrea Miller (México – USA), Dock in Absolute (Luxemburgo), Los Bronces (México), Miguelo Delgado (España) y Los Músicos de José (México). El costo fue de entre 200 y 300pesos. En La Noche de Primavera que se vivió el 23 de marzo a partir de las 6 de la tarde y hasta la 1 de la mañana, se presentaron sin costo alguno en 16 foros del Centro Histórico 91 agrupaciones de diferentes géneros –música francesa, son y salsa, del mundo, tríos, ecléctica, ópera, fusión, folk-, empero 30 correspondieron a proyectos de jazz con agregados de blues, que en la Plaza Tolsá, el Museo de la Ciudad de México, el andador de Gante, la plancha del Zócalo (convertida en el Jardín Cultural de Primavera), el Museo Interactivo de Economía y el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris” tuvieron buena asistencia. Para el Día Internacional del Jazz, que se festeja el 30 de abril, hubo conciertos en la Fonoteca Nacional, el Foro Lindberg del Parque México, en la Biblioteca Benjamín Franklin, el Auditorio del Museo del Carmen y el Teatro Ángela Peralta, además de que en el estudio A del Instituto Mexicano de la Radio, Horizonte Jazz hizo lo suyo con dos agrupaciones. Los conciertos del 24 al 30 en las diferentes sedes fueron gratuitos y su organización estuvo a cargo, por segunda ocasión, de Neuma, Festival Internacional de Jazz de Ciudad de México, que complementó la celebración con talleres y clases en 20 sedes. Participaron lo mejor del jazz de la escena internacional y nacional: los guitarristas italianos Filippo Cosentino y Simone Gubbiotti; los saxofonistas Frédéric Borey (Francia) y Tobias Delius (Alemania), el trompetista Matthias Schriefl (Alemania) y Todd Clouser, Gerald Cleaver y David Virrelles (Estados Unidos). El jazz mexicano no se quedó atrás con grandes intérpretes como Iraida Noriega, David Valles, Alex Mercado Trío, Israel Cupich, Alyosha Barreiro, FAS Trío, Swing México Jazz Band, el Ensamble de Música DIM y el Ensamble de la Escuela Superior de Música. El festival que se extraña desde hace dos años en el Día Internacional del Jazz es el del Parque Hundido, que duraba tres días y era organizado por promotores del jazz, dueños de establecimientos que tienen como principal atractivo la síncopa y estaciones de radio que la difunden, como: El Film Club Café, The Jazz Place, El Zinco Jazz Club, Casa Franca, Las Musas de Papá Sibarita, Pizza Jazz, Cracovia 32, La Fundación Sebastian, La Vid Argentina, Contratiempo Jazz, Jazz MX, Músicos Independientes, BlackHill Media, Brother Thelonious Jazz Nights, Bop Spots, Dim, Ufo Studio, Totlalli Productora, Cineteca Nacional e IMER. En el Centro Cultural Roberto Cantoral, inició el 6 de abril el festival NY Jazz All Stars, que se prolongará hasta el 23 de noviembre. En su retorno a Ciudad de México presentará cada mes las mejores propuestas jazzisticas de Nueva York, Se presentarán figuras destacadas de la escena que mediante la improvisación y el estilo libre entrarán por nuestros oídos y nos inspirarán de la libertad propia del jazz. Hasta finales de mayo recién pasado no se tenía información sobre la realización, este año, de las dos temporadas del Tabacalera Jazz Club en el Museo Nacional de la Revolución ubicado en el sótano del Monumento a la Revolución. El año pasado la primera se realizó cada viernes del 11 de mayo al 8 de junio y desfilaron por el escenario los proyectos jazzísticos de Hilvana, Silvanozo, Tania Guzmán, Piña Trío y Fiusha, fuertes influencias de géneros como funk, soul y groove. En la segunda del 17 de agosto al 7 de septiembre, tocó deleitar los oídos de los asistentes a Ensamble Metropolitano de Jazz, Ficus Trío, Mario Patrón Trío y Ricardo Amadeus El Jazz Mex es otro festival de lo más esperado, y por el momento falta conocer el nombre de las agrupaciones que se presentarán en La Plaza de las Artes del Cenart, lugar donde, adicionalmente, hay la presentación de discos en el auditorio Blas Galindo. El año pasado se realizó los sábados y domingos entre el 6 y 28 de octubre con la participación de Alex Mercado y Mario Santos, Ezequiel Miranda, Pavel Loaria y la Big Band Infantil y Juvenil de México, The Power of Cuban Musis, la Latin American Jazz Orchestra, Jerza y Los Bronces Band, Mad Trio, y Barandela Big Band. Fueron ocho conciertos gratuitos que tuvieron muy buena convocatoria. Algo que fue de lo mejor que se presentó en 2018 en la escena del jazz de Ciudad de México, y de lo que no me puedo sustraer de mencionar, fue la Octava Muestra Internacional de Jazz. De carácter itinerante, entre el 12 y 14 de abril se celebró en la explanada del Monumento a la Revolución con las sonoridades de Waldo Madera, Roberto Aymes, Javier Nandayapa, Dannah Garay, Héctor Infanzón & su Big Band, Jean Paul Bideau, además de Marco Morel, Chucho López, Bob Sands y Los Bronces. Los estupendos conciertos –un sonido de primera y un escenario amplio debidamente iluminado- estuvieron acompañados del inmejorable paisaje que ofrece la majestuosidad de la mole de piedra iluminada de manera combinada por luz naranja, roja y verde; pero también de personas a las que lo que menos importó fue la música. Entre los rostros del jazz mexicano resaltan los que están triunfando en el extranjero como Mark Aanderud, Magos Herrera, Enrique Toussaint, Antonio Sánchez, Abraham Laboriel, Gustavo Cortiñas, y Rodrigo Villanueva, entre una infinidad de músicos talentosos que abarrotan el mapa jazzístico de México. Finalmente repito lo que escribí al inicio de la primera entrega de Un atisbo al jazz: “El jazz no es música elitista. Simplemente, no es para todos los gustos”.
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Rafael CienfuegosRafael Cienfuegos Calderón cursó la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y se inició como reportero en 1978. Se ha desempeñado como tal en el periodismo escrito, principalmente, y ha incursionado en medios electrónicos (Canal Once Tv) y en noticieros de radio como colaborador. Archives
August 2025
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